10 de 10. La dominicanidad: Espejo de nuestro pueblo

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La Dominicanidad es una palabra universal, pero con una amplitud vasta que enclaustra los principios del espíritu dominicano y personifica el sentimiento, los valores, el amor y el compromiso para con nuestra Patria.

El deterioro en el ejercicio de la administración pública ha incidido de manera negativa en serio perjuicio de éste fundamento de nuestra civilización y hoy, percibimos un pueblo decepcionado, abatido, incrédulo, que dedica sus esfuerzos al día a día, convencido de que su futuro no aguarda ninguna mejoría, resignados a la desgracia.

En otros casos, vemos a algunos dominicanos que se enfrentan con determinación a ésta realidad, reconociendo tristemente que nuestro país no les puede ofrecer las herramientas básicas de su superación, por lo que abandonan a sus familias en busca de mejorar sus condiciones en tierras lejanas. Lamentablemente hoy vemos desvanecer incluso, el deseo de estos de regresar a su país, ante las catastróficas condiciones que vivimos.

En ese mismo sentido, el desorden de nuestra administración pública ha resultado en un notable desgaste en los valores tradicionales de nuestro país, la desintegración de la familia, el irrespeto a nuestros símbolos patrios, la disminución del orgullo nacional y la fe en Dios; observamos solo el desaliento y la desconfianza.

La transformación de nuestra Patria requiere una recuperación de estos valores, pues en ellos descansa el éxito de nuestra democracia, ideología que exige la participación de todos sus ciudadanos. Asimismo aspiramos a alcanzar una población plena de apasionados dominicanos dispuestos a luchar por la Patria y a ser partícipes atañidos y desvelados en todos los procesos de la administración pública.

Democrática

Para recuperar ésta confianza, debemos luchar incansablemente para mejorar las condiciones de vida, y para resarcir los daños causados por el manejo irresponsable y desalentador en el ejercicio de gobierno. En la medida que la acción gubernamental demuestre su dedicación y rectitud, el pueblo responderá con mayor seguridad.

La Dominicanidad abarca además todos los aspectos de nuestra arte y cultura; en ese sentido debemos fomentar el crecimiento y desarrollo de éste sector con un apoyo irrestricto a nuestros artistas y talentos dominicanos dentro y fuera de la nación. Tenemos que trabajar para la creación de escuelas especializadas, programas de capacitación, intercambios internacionales estudiantiles y becas para su desarrollo inicial.

El reconocido talento dominicano también merece un apoyo masivo; estos serán siempre los mejores embajadores de nuestro país y digno ejemplo de nuestra grandeza, por medio de las proezas alcanzadas con su música, arte, diseño, actuación, obras literarias y demás ramas de nuestra cultura, la cual es parte esencial de nuestro desarrollo. Estos también servirán de inspiración para las nuevas generaciones perpetuando así la Dominicanidad.

Lucharemos sin tregua para la institución de una línea aérea nacional dominicana que nos represente por todo el mundo, con un excelente servicio y el calor humano que siempre nos han caracterizado. Como símbolo nacional, nuestras aeronaves llevarán siempre nuestra bandera por todo alto, apoyando nuestra gloria y enorgulleciendo nuestros nacionales por todo el mundo.

Patrocinaremos programas de instrucción a nuestros ciudadanos sobre su papel en nuestra sociedad y las responsabilidades individuales de cada uno. Para ello es necesario plasmar estas ideas y conceptos patrióticos básicos -como lo son el respeto a nuestros símbolos nacionales, la hermandad, la integridad, la responsabilidad- en un Manual de Civismo que esté al alcance de todos. Esta iniciativa deberá incluir de igual forma la reintegración de clases de civismo a nuestro currículo escolar para apoyar la formación íntegra de nuestro futuro.

Insistiremos para que la fe que tanta falta le hace al pueblo dominicano, impere de nuevo en nuestra sociedad y el ejercicio gubernamental; somos un país bendecido con ganas de perseverar, pero la fe y la decepción nos han arropado en el tiempo.

Aspiraremos siempre a ser dignos ejemplo de dominicanos en el ejercicio de la administración pública y trabajar a favor de los mejores intereses del país y el pueblo, con programas sociales y de salud para los más necesitados; proyectos de mantenimiento y ordenamiento urbano para crear municipalidades limpias, transitables, sanas y seguras para el disfrute de todos los dominicanos, pues estas iniciativas prioritarias serán parte esencial de nuestra reforma territorial y ciudadana.

La difusión de la Dominicanidad comenzará en casa, en nuestro suelo dominicano, pero recorrerá el mundo, fomentando ese sentimiento de orgullo que junto con el desarrollo, el orden y la paz, logrará conquistar los corazones de los dominicanos hoy apáticos, decepcionados y hartos del proceder administrativo de los últimos años.

Es una contienda para recuperar nuestra Patria, y así lo haremos; ganándonos a su vez el respeto de la comunidad internacional, que podrá distinguir en nosotros un pueblo talentoso y tenaz.

La Dominicanidad somos todos nosotros, juntos, bajo una misma bandera, en busca de la Patria que todos soñamos.

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