¿Anti haitiano?

Por: Juan Manuel Rosario

De manera recurrente, a quienes propugnan por la aplicación de una correcta y efectiva política migratoria, se le tilda, de manera ligera, superficial, de mala fe, de ser anti haitiano; es como si la República Dominicana no tuviera derecho a aplicar leyes, reglamentos, resoluciones, de carácter migratorio para proteger su territorio, así como para evitar el ingreso irregular, ilegal, de extranjeros dentro de su jurisdicción como Estado soberano.

No es raro ni fortuito que los que consideran de anti haitianos a los que defienden el derecho de los dominicanos a tener sus reglas migratorias, se auto conceptúan de manera pomposa, vanidosa, de ser humanistas, defensores de los derechos humanos de los extranjeros; a esas personas les resulta fácil levantar la bandera de esos derechos humanos, porque eso les permite granjearse aceptación en el plano internacional y nacional acorde con sus intereses individuales, personales.

Tomar el camino del menor esfuerzo es mejor que asumir el gran reto de defender los intereses nacionales frente a las pretensiones de poderes extranjeros que ven en la unión de Haití con República Dominicana, la salida de lo que ellos consideran el problema haitiano; es mejor, para esos humanistas, ponerse del lado de lo que ellos consideran los fuertes, que levantar la bandera de los débiles, que en este caso son los dominicanos.

Más que derechos humanos están defendiendo el estatus económico, social y político individual; es más cómodo para esas personas y sectores darle la mano al verdugo que martilla sobre clavos punzantes contra la soberanía y el derecho de los dominicanos.

No es simple coincidencia que cuando estructuras internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, emite un criterio en torno a la República Dominicana, aparezcan activados personas, Organizaciones no Gubernamentales, “intelectuales”… haciendo pronunciamientos acorde con esas instancias internacionales.

Porque lo que sucede es que eso forma parte del gran plan de obligar a la República Dominicana a asumir la unificación de dos poblaciones, así como de su territorio, y creación de un gobierno común que garantice el nacimiento de un nuevo Estado; lo que se busca es destruir dos Estados, el dominicano y el haitiano, para hacer uno que los contenga a los dos.

Precisamente, dentro de la estrategia para conseguir el objetivo expresado, está la de estigmatizar a todo aquel que defienda la existencia de la República Dominicana, acusándolo de racista, xenófobo, anti haitiano…; con esas acusaciones estigmatizadoras se enfrentó a la Sentencia 168-13, se permitió a través de la Ley 169-14 que muchas personas extranjeras adquirieran la nacionalidad dominicana sin corresponderle.

Se han inventado todo tipo de argumentos sin sustentación sólida, y uno de ellos es la estrafalaria idea jurídica de que la Constitución no es retroactiva, y habría que preguntarse: ¿quién decidió que la Constitución no sea retroactiva?

¿Se considera que la Constitución es una ley adjetiva? Evidentemente que la Constitución es la base jurídica sustantiva de la sociedad; pero ¿no puede la propia ley adjetiva ser retroactiva? Quien piensa que la ley no puede ser retroactiva es porque tiene una simpleza de análisis jurídico que no le permite ver más allá de lo aparente, en término jurídico; porque la ley no puede ir hacia atrás solo cuando va a afectar derechos adquiridos; de lo contrario, puede ser retroactiva.

¿Quién dijo a que los hijos de extranjeros ilegales y en condición de tránsito, en algún momento de la historia dominicana,desde el 1929 hasta hoy, les correspondía,o les corresponde, la nacionalidad dominicana? Al parecer, muchos profesionales de distintas ramas no entienden lo que es el concepto de tránsito; no tienen la menor idea de qué significa ese concepto, desde el punto de vista migratorio; desconocen que ese concepto se usa en el derecho migratorio dominicano desde el siglo XIX, para referirse al extranjero que no estableció ni establece domicilio en la República Dominicana.

Posiblemente esos profesionales tampoco sepan el alcance del concepto domicilio, jurídicamente hablando; en la legislación migratoria dominicana, los extranjeros que hayan ingresado y permanezcan de manera regular,legal, en el territorio de la República se subdividen entre el extranjero en tránsito y el domiciliado. ¿Acaso no es a eso que se refiere la Constitución de la República desde el año 1929? ¿No recogió la Constitución de la República Dominicana el concepto de tránsito establecido en el siglo XIX en el derecho migratorio dominicano? Claro que sí. Entonces, las personas que nacieren en el territorio de la República, hijos de padres extranjeros en tránsito, no son dominicanos.

¿ Por qué persistir en que sí son dominicanos?

Y si a los hijos de esos extranjeros en tránsito que ingresaron al territorio de la República, conforme a las leyes dominicanas no les corresponde constitucionalmente la nacionalidad dominicana, ¿por qué a los hijos de los ilegales sí podría corresponderle la nacionalidad dominicana? Sólo se podría responder esta pregunta con un absurdo jurídico.

Asumir los argumentos que acabamos de exponer no implica ser anti haitiano, ni anti cubano, ni anti norteamericano, es solamente ser dominicano, defender la institucionalidad de la República Dominicana, proteger la integridad soberana de la República Dominicana, es no permitir que aquí, al territorio dominicano, venga cualquier extranjero a pisotear la institucionalidad de este país.

Ser dominicano no es ser anti haitiano, es no permitir que bajo la sombrilla de una supuesta prudencia, de una denigrante actitud sustentada en que “con los problemas internacionales hay que tener cuidado”, se cometa la más despreciable imprudencia de entregar y no defender los intereses de la República Dominicana; porque entonces podríamos ser, como en efecto somos, no anti haitianos, pero sí convertirnos en anti dominicanos.
Fuente:http://www.opiniondigital.com.do/anti-haitiano/#.VsAVa3-aHJw.facebook

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